¿Cómo sé si mi gato siente dolor?

¿Cómo sé si mi gato siente dolor?

¿Cómo sé si mi gato siente dolor?

¿Cómo sé si mi gato siente dolor? Los gatos sienten dolor tal y como lo hace el resto de los animales. El problema es que no lo manifiestan como hacen nuestros perros o como lo hacemos nosotros y ello ha dificultado su diagnóstico.

¿Cómo sé si mi gato siente dolor? Nuestros gatos pueden sufrir muchas enfermedades, algunas de las cuales cursan con dolor. Como los gatos no manifiestan el dolor como lo hacemos nosotros o como lo hacen nuestros perros, hasta no hace mucho ese dolor pasaba desapercibido para los cuidadores e, incluso, para muchos veterinarios.

Podríamos describir el dolor como una sensación molesta más o menos intensa, localizada en alguna parte del cuerpo, asociada a un daño tisular real o potencial  que resulta de la estimulación de terminaciones nerviosas sensitivas y que contribuye a la supervivencia pues informa sobre amenazas tanto internas como externas que pueden poner en peligro la vida.

https://youtu.be/Y7y_p6pxxl4

El dolor puede clasificarse de varias formas. Así podemos citar el dolor agudo y el dolor crónico. El dolor agudo es debido a un daño tisular, tanto somático (piel, músculo, huesos, tendones, ligamentos) como visceral (en vísceras y órganos internos) y es el de más común presentación y más fácil de apreciar. Este tipo de dolor es el que se produce, por ejemplo en los traumatismos o en las intervenciones quirúrgicas y desaparece con la curación del tejido dañado.

El dolor de tipo crónico es un dolor que persiste más tiempo, superior a un mes tras haberse producido el daño del tejido y es un dolor que se mantiene a pesar de que el tejido ya haya sanado. Este tipo de dolor suele ser la manifestación de una enfermedad crónica tal como puede ser, por ejemplo, la osteoartritis.

Otro tipo de dolor que podemos encontrarnos es el dolor referido, que es un dolor debido a una afección visceral pero que se manifiesta en una región distinta del organismo. Todos conocemos de forma directa o por verlo en infinidad de películas el dolor que aparece en problemas tales como el infarto de miocardio, por ejemplo. El dolor no se manifiesta en el corazón sino que que aparece en el tórax y se irradia por hombro y brazo izquierdos. Esto se debe a la forma de conducirse estos estímulos.

También debemos citar el dolor neuropático, que podríamos decir que es un dolor patológico y cuya causa preponderante es una afección del sistema nervioso. Un ejemplo muy típico de este tipo de dolor es el conocido como el «síndrome del miembro fantasma» y consiste en que la persona que sufre la amputación de un miembro puede tener sensibilidad que proviene de alguna zona del miembro amputado y parece que se debe a la presencia de actividad en las terminaciones nociceptivas del nervio que ha sido seccionado. Este tipo de dolor también puede aparecer por el mismo motivo en el caso de nuestros gatos.

¿Cómo podemos notar que nuestro gato está sintiendo dolor? El gato se comporta de forma distinta a los perros en cuanto a la forma de manifestar el dolor y es por ello que debemos prestar atención a ciertos signos que pueden orientarnos al reconocimiento temprano de ese dolor.

Igual que en el caso de los perros, cada animal es un mundo a la hora de expresar el dolor. Hay animales muy sensibles que lo manifiestan de forma muy manifiesta y otros que aparentemente lo sobrellevan mejor. Aquí también influye el que las situaciones de miedo y de estrés pueden potenciar estas manifestaciones.

En el caso de los gatos es más raro que se produzca la vocalización, algo frecuente en perros. Lo que sí hacen los gatos que padecen dolor es gruñir de forma más o menos intensa o emitir una especie de siseo cuando son molestados o alguien se acerca o quiere tocarlos.

Los gatos, cuando sienten dolor, tienden a esconderse en lugares cerrados, evitando el contacto con las personas de casa y de otros congéneres con los que convivan.

Los gatos pueden dejar de acicalarse y así aparecen con el pelaje sucio, erizado, con nudos, etc. Junto a esto también disminuyen su actividad y pasan mucho tiempo agazapados en su cama o escondidos.

Al igual que en el caso de los perros, en los gatos también disminuye el apetito o, incluso, dejan de comer. Esto supone más peligro en el caso de los gatos debido a que por su particular metabolismo puede aparecer una patología muy seria conocida por lipidosis hepática y que puede poner en peligro la vida de nuestro gato.

La agresividad también suele hacer acto de presencia ante cuadros dolorosos en nuestros gatos y hay que tener cuidado al intentar acercarnos a ellos.

Actualmente se han presentado unos estudios en los que se muestran las variaciones en la expresión facial de nuestros gatos dependiendo del grado de dolor que puedan estar padeciendo. Se conoce como escala de la mueca felina y en ella se valora la posición de la cabeza, orejas, hocico, bigotes y ojos dando una serie de puntos y según el número total de puntos nos dice el grado de dolor que hay. Podéis buscar esta escala en Internet y es útil tenerla a mano.

Estos son comportamientos que nos manifiestan que nuestro gato tiene dolor, pero de una forma genérica. Según la zona corporal donde existe el proceso que causa dolor ya habrá otras manifestaciones más particulares de ello.

Así, por ejemplo, si hay dolor ocular o en sus órganos anejos podemos apreciar que el gato muestra un prolapso del tercer párpado, que cierra el ojo, que hay lagrimeo, que se toca con la pata, etc.

En casos de problemas en vías urinarias como, por ejemplo, obstrucción uretral en los machos, hay un lamido excesivo de la zona prepucial.

En caso de dolor en la boca evitan comer, puede darse con la pata en la boca, puede haber psialorrea pues puede haber mayor producción de saliva y esta no se traga.

En casos de dolor abdominal ponen el vientre en tabla como postura defensiva cuando se les palpa la zona.

Si hay dolor en la columna vertebral ( pinzamientos, hernias discales, etc.) puede haber posturas rígidas y un deambular anómalo, el gato no quiere moverse ni subir a sitios,  etc.

Ante dolor de oídos hay rascado de la zona, llegando a producirse excoriaciones severas.

Como vemos hay muchos signos que nos orientan a que nuestro gato pueda estar sufriendo dolor y es importante ser observadores ante ellos. Cuando apreciemos alguno de estos signos acudiremos a nuestro veterinario para intentar localizar con exactitud la zona dolorosa y diagnosticar el proceso que está causando dolor. Para ello se realiza un examen general de nuestro gato y luego se procederá con los exámenes complementarios pertinentes para llegar a un buen diagnóstico ( radiografías, ecografías, analíticas, etc.). Es importante saber que en muchas ocasiones y, debido al temperamento de los gatos cuando están asustados y/o sufren dolor, habrá que recurrir a tranquilizarlos para poder realizar su exploración en buenas condiciones.

Una vez que hemos llegado al diagnóstico del proceso que causa el dolor en nuestro gato ya podremos instaurar el tratamiento oportuno.

Cada tipo de dolor tiene un tratamiento distinto. No es igual un dolor agudo que uno crónico. No es igual un dolor somático que un dolor visceral o uno neuropático. Cada caso requiere un tratamiento individualizado tanto en el o los medicamentos a usar, las dosis de los medicamentos y la duración del tratamiento. Esto sólo puede hacerlo el veterinario llevando un seguimiento de la evolución del caso y así poder retirar, modificar medicamentos, dosis o duración del mismo.

Queremos recordaros que en la Clínica Veterinaria OLIVARES (Granada) tenemos a vuestra disposición nuestro Servicio de Urgencias 24 horas, así como el teléfono de consulta que aparece en nuestra página (www.tuveterinario.info), también operativo las 24 horas para que podáis consultar vuestras dudas sobre este o cualquier otro tema relacionado con la salud y cuidados de vuestros animales.

Manuel Olivares Martín, veterinario de la Clínica Veterinaria OLIVARES (Granada) y de www.tuveterinario.info

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