Mi perro ladra cuando está solo.

Mi perro ladra cuando está solo.

Mi perro ladra cuando está solo.

Mi perro ladra cuando está solo. El ladrido excesivo de nuestros perros cuando se quedan solos en casa es algo que causa gran preocupación en sus cuidadores.

Mi perro ladra cuando está solo. El ladrido es una forma de comunicación que tienen nuestros perros y expresa muchos sentimientos tales como alegría, frustración, aburrimiento, miedo, ansiedad, etc.

Como vemos, e ladrido es algo completamente normal pero, en determinadas situaciones, puede convertirse en un auténtico problema de convivencia tal y como vamos a explicar a hora.

Hemos visto que los perros, al ladrar, manifiestan muchos estados de ánimo, pero hay ciertas ocasiones en las que están reflejando un problema que puede ser muy serio. Se trata de lo que se conoce como ansiedad por separación.

En muchas ocasiones los cuidadores nos comentan que cuando salen y dejan al perro solo en la casa, los vecinos comentan que nuestro querido amigo no ha dejado ni un momento de ladrar hasta que hemos regresado. Junto a esto puede ser que nos encontremos con que nuestro amigo ha aprovechado nuestra ausencia para romper todo lo que había a su alcance y también ha podido orinar o defecar en sitios inadecuados.

Muchos cuidadores nos comentan que creen que su perro ha hecho esto «por venganza» ya que lo hemos dejado solo. No pueden estar más lejos de la realidad y esta trata de que nuestro perro está sufriendo lo que se conoce como ansiedad por separación o trastornos relacionados con la separación.

Se citan muchas posibles causas que predisponen a la aparición de este problema y entre ellas podemos citar el destete prematuro, cambios de domicilio, periodos prolongados de ausencia del propietario, edades avanzadas, etc.

Los síntomas más comunes de este trastorno son los que ya hemos comentado pero también pueden presentarse otros tales como el lamido excesivo de una zona del cuerpo (lo que origina dermatitis en ocasiones muy severas que, en ocasiones, llegan a la automutilación), problemas gastrointestinales (cuadros de vómitos y/o diarreas), falta de apetito, etc.

Cuando se detecta este tipo de comportamiento en nuestros perros no debemos dejarlo esperar a ver lo que ocurre sino que debemos intentar ponerle remedio cuanto antes ya que así será más fácil (o menos difícil) solucionar el problema y, no menos importante, estaremos evitando un sufrimiento innecesario a nuestro perro porque, sí, nuestro perro está sufriendo cuando presenta este tipo de trastornos.

No debemos pensar solo en que los ladridos molestan a los vecinos sino también en la salud de nuestros queridos perros, pues este tipo de problema afecta a su salud y puede conllevar la aparición de otras enfermedades.

En principio no soy partidario en absoluto del uso de collares antiladridos, pues con ellos es posible que controlemos algo el ladrido de nuestros perros pero no vamos a estar tratando el origen del problema, que es lo verdaderamente importante.

El tratamiento de este trastorno será tanto de tipo de modificación del comportamiento como mediante el uso de medicación específica. Ante el diagnóstico de esta enfermedad debemos saber que muchas veces somos nosotros, sin darnos cuenta, los que estamos favoreciéndola o potenciándola.

Lo ideal sería ponerse en contacto con un educador canino quien, estudiando el caso concreto de nuestro perro, nos da las indicaciones pertinentes para, con su ayuda, consigamos controlar este trastorno.  Suele ir a casa, ver cómo se comporta el perro y los dueños cuando están juntos, qué hace el perro cuando se queda solo (suele hacerse poniendo una cámara que grabe al perro en ausencia de los dueños) y qué ocurre cuando los propietarios regresan al hogar.

Con todos estos datos se diagnostica el problema y se instaura la terapia comportamental más adecuada para el caso concreto. En ocasiones se puede intentar un cambio en la rutina de salidas tales como, por ejemplo, coger las llaves como si fuésemos a salir y simplemente llevarlas a otro lugar de casa. También podemos coger el abrigo, el bolso, etc. como si nos fuésemos a la calle y sin embargo no salimos. También ayuda el no despedirnos efusivamente de nuestro perro y, más importante, no hacerle caso en cuanto llegamos a casa hasta que el perro se tranquiliza. Nuestro perro está esperando el regreso para que le hagamos muchas fiestas y eso le provoca o le potencia el cuadro de ansiedad. Junto a esto es interesante el enriquecimiento ambiental, dejando una radio o la televisión encendidas y juguetes, como los que ocultan premios en su interior, para que el perro se entretenga jugando durante nuestra ausencia.

En muchas ocasiones hay que complementar esto con un tratamiento médico a base de compuestos con acción ansiolítica (antidepresivos). Este tipo de tratamientos puede tener efectos secundarios y deben ser siempre supervisados por vuestro veterinario. Recientemente han salido al mercado productos a base de feromonas, la feromona del apaciguamiento, que no tiene esos efectos indeseables que sí puede tener la medicación antes nombrada. Se encuentran en forma de comprimidos, collares o difusores y que tienen una función preventiva y terapéutica.  Lo ideal es que sea vuestro veterinario quien, estudiando el caso de vuestro perro, os aconseje sobre la forma más adecuada de tratar este problema comportamental.

Aprovechamos para recordaros que en la Clínica Veterinaria OLIVARES (Granada) ponemos a vuestra disposición nuestro Servicio de Urgencias 24 horas, así como el teléfono de consulta que aparece en nuestra página (www.tuveterinario.info), también operativo las 24 horas para que podáis solucionar todas las dudas que os surjan sobre este o cualquier otro tema relacionado con la salud y cuidados de vuestros animales.

Manuel Olivares Martín, veterinario de la Clínica Veterinaria OLIVARES (Granada) y de www.tuveterinario.info

 

 

 

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